El desvío y el daño (Fragmentos)

María Malusardi (Buenos Aires, 1966) es una escritora, periodista y docente. Publicó los libros de poesía: artista del hambre (Ediciones en Danza, 2019), el descenso de jacqueline du pré y otros poemas (Ediciones en Danza, 2018), el desvío y el daño (Buenos Aires Poetry, 2017), el sastre (Ediciones en Danza, 2015), artista del trapecio (Alción, 2014), la música (El Suri Porfiado, 2013), el orfanato (Alción, 2010), trilogía de la tristeza (Alción, 2009), museo de postales (El Suri Porfiado, 2008). Ha recibido numerosos premios internacionales y por eso es reconocida a lo largo de Latinoamérica.
el desvío y el daño (Fragmentos)
Por María Malusardi
te amo para escribirme y desahuciarme para ser en mí un espacio
de animal y de palabras en mí arrancándome desligándote para
anunciarte como una pérdida como una estrella seca en el paladar
de la conciencia estás y caés para arruinarme y maldecirme en mi
poema el amor es una trampa ineludible para morir un poco menos
estás para renunciar al dolor de tu infancia en mis ojos y no saberte
nunca desdichado y no encontrarte nunca malherido y mantenernos
así ardiendo en la lejanía que nos une
no dejes que el daño sea todo dame para el desvío una cláusula
despierta una tentación que roce los espacios y los sangre dame
para el daño el desvío de tu impaciencia la luz que tus pestañas han
borrado las aguas que arrojan vaguedades los peces que escaman
en silencio de negra la espesura del pudor
si la vida fuera lineal yo sería las cenizas de un trompo después del
incendio si la vida fuera lo que es (un desacierto una rebelión de
lobos en mi boca) caminaría descalza sobre mi propio cuerpo para
amarte
duermo demasiado mucho y reniego de los amantes en los sueños
mi vida es una cama desapropiada almas que me acusan y
consiguen derogarme me ausento (me aguardo) en la herida de la
espuma reúno lo obstinado para el desvío descifro la cristalería para
el daño bocas que muerden el mar y renuncian al mito en mi cuerpo
voy a perecer espumante genital vertiente desdichada
lo que me atrae del dolor es que no puedo complacerlo nunca
alcanzo su voluntad ni logro denunciarlo agua turbia sobre el mundo
nadie puede detenerlo ni sobornarlo lo que me gusta del dolor es su
pureza: nada corrompe su compromiso con la vida apretar el nervio
hasta reír de espanto y de compasión
he llegado a merecerte detrás de un vidrio oscuro es una belleza
externa que se quiebra entre tus manos y me daña hay dulzura de a
ratos y en el arroz desparramado la necesidad de esconderse del
amor en cada grano habita una cigüeña que te extirpa lo selvático y
deja que mi sueño te amamante
estás apto para el poema para desintegrarme y pedirme que yo sea
el hospital de tus ausencias: es el desvío
caen sobre mí las piedras de la lujuria: es el daño
no cabemos en la vida cuando ya no cabemos en el lenguaje el filo
de la palabra tritura y amontona los restos cuando intentamos
decirnos el amor desnudo un peligro una rama quebrada
incendiándose hasta dejarnos ver aquello que acabará con la
compasión
