¿Reyes de vitrina? La estética de la exclusión en el templo

Por: [JacoBeat Franco]

Foto: El Rey que la institución no reconoce. JacoBeat Franco

Entrar al templo expiatorio de San Felipe de Jesús un viernes de pascua es, ante todo, una experiencia estética. El orden, el silencio y la luz dorada sobre las molduras nos prometen un refugio contra el caos del mundo. Sin embargo, esa tarde, la entrada de un hombre —un vagabundo buscando monedas para comer— rompió la coreografía del rito. Mi mano buscó un par de monedas, pero la del sacristán buscó la puerta. Aquella escena, digna de un cliché de cine de Semana Santa, me obligó a preguntarme: ¿Qué clase de «perfección» estamos protegiendo entre estos muros? El Sacristán: ¿Villano o guardián de nuestra comodidad?

Solemos juzgar al sacristán como un hombre sin corazón, pero desde una óptica hegeliana, él es solo un funcionario del «Espíritu Objetivo». Su función es mantener la institución. El problema no es el hombre, sino la estructura: hemos construido templos que son tan «bonitos» que la miseria humana se ha vuelto estéticamente inaceptable en ellos.

Si el sacristán no expulsara al pobre, la «burbuja» de paz del feligrés se rompería. El sacristán nos hace el trabajo sucio: limpia nuestro campo visual para que podamos orar sin sentirnos culpables. La desigualdad no es un error del sistema; en el templo moderno, la exclusión es una condición necesaria para mantener la belleza del rito.

La moda cambia, el desprecio permanece

Al mirar a la gente en la fila, noté cómo han cambiado las costumbres: mujeres en pantalón y camisas modernas. Hegel diría que el Zeitgeist (espíritu del tiempo) ha avanzado en la superficie. Pero aquí reside la gran trampa: hemos confundido la modernización de la ropa con el progreso de la libertad. Es una ironía cruel que la institución sea lo suficientemente flexible para aceptar un cambio en el código de vestimenta (adaptándose al mercado y la moda), pero permanezca medieval en su trato al desposeído. Según Paul Lafargue, esto es síntoma de una sociedad que valora más la apariencia del orden que la justicia real. El pantalón de la feligresa es moderno; el gesto de expulsar al hambriento tiene siglos de antigüedad.

El sedante de la «Santidad»

Minutos después, en el sermón, escuchamos que somos «sacerdotes, reyes y perfectos». Como filósofos, debemos denunciar este lenguaje. ¿Cómo puede una institución llamarnos «reyes» mientras permite que un «hermano» sea tratado como un estorbo?

Esta «perfección» de la que habla el sacerdote corre el riesgo de ser un sedante. Si ya soy «perfecto por participación divina», ¿qué urgencia tengo de cambiar el mundo? Esta soberanía espiritual que se nos otorga dentro del templo parece ser el precio que pagamos por nuestra ceguera afuera. Como señala Sanabria (2003), la filosofía debe demostrar la «necesidad interna» de las cosas. Y hoy, parece que la «necesidad interna» de la institución es mantener una santidad de vitrina, incontaminada por la realidad de la calle.

Conclusión: ¿Complicidad o Resistencia?

¿Somos parte del problema al dar una moneda? Quizás. La limosna puede ser, como diría Spinoza, una «pasión triste» que alivia la culpa pero no cura la herida. Sin embargo, en un sistema que usa sacristanes para ocultar la pobreza, el acto de dar se convierte en una pequeña rebelión.

A los feligreses nos toca decidir: ¿venimos al templo a confirmar nuestra «realeza» en un espacio exclusivo, o venimos a aprender a ser «profetas» que denuncian la exclusión incluso dentro de casa? La verdadera belleza de San Felipe de Jesús no debería estar en sus molduras, sino en su capacidad de ser un refugio donde nadie, absolutamente nadie, sea considerado un error estético.

CONSIDERACIONES

  • Hegel: Se aplica el concepto de la institucionalización de la idea y la dialéctica del señor y el siervo.
  • Spinoza: Se analiza la caridad como una afección que puede nublar la razón si no va acompañada de justicia.
  • Sanabria: Se utiliza su visión de la filosofía como búsqueda del «por qué necesario».

JacoBeat Franco: Colaborador del Conversatorio Ético, Estético y Político, músico y ensayista

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