A LOS NIÑ@S QUE SUFREN, EN LA ESTÚPIDA GUERRA.

por Roberto Rojas Guzmán

Ya no está conmigo

No, ya no está conmigo

pereciera que está bajo mis harapos

que se esconde de la metralla, temblorosa y rota

desde la primera noche de agonía, desapareció de mi

tal vez fue arrebatada con la mirada de odio de los soldados

y con ella, también he perdido a mis hermanas, a mi padre

las sonrisas de mis amigos, ahora traigo la mirada como escombros.

No, ya no está conmigo

ya no son las tardes del trinar de la parvada

mientras el sol me acaricia el rostro por última vez

y miro a mamá con la taza de leche que la acerca a mis labios

hoy su carita esta lejana, sus arrugas son las trincheras enemigas

parezco una niña, pero olvide como serlo, no lo soy ya,

me sepulte en el patio de mi escuela, de espaldas a los fusiles.

No, ya no está conmigo

la carrera al rio entre risas ha sido acallado con las bombas

no solo amputan brazos y piernas, también la felicidad del rostro

tengo una enfermedad muy dentro, llamada odio; dicen

la noche me recuerda a una lápida donde sueño pesadillas

no me reconozco entre los charcos contaminados

y me arrastro para sentir mi cuerpo, sentir que algo me abraza.

No, ya no está conmigo

camino temblorosa de hambre, de mi casa fulminada

truenos caen y me hacen ensordecer

abro mis ojos de espanto y miro a lo que dicen es el cielo

no tengo más lágrimas para rogar a eso llamado Dios

levanto mis manos en esta oscuridad que me doblega

he dejado de escuchar, un punto de luz me enceguece.

Floto sobre flores perfumadas, como la abuelita

vuelvo a mirar el brillo del amanecer

entre la bruma, dos brazos tibios me toman,

siento el arrullo del mar entre ellos

mi boca sabe a higos dulces

la sonrisa es un ave en mi rostro

sí, ahora está conmigo mi niñez, mi inocencia, mi amor.

Los restos de mi familia

Después del fuego los volví a encontrar

en una sombra de lo que fuimos

lo que me queda de ellos es un colchón viejo

que aún huele a hogar, la bata de mi padre, mi fe quebrada y los gritos

de mi familia que aún los traigo como ecos sin fin

las horas se miden en confusión,

Dios detuvo el tiempo de esperanza

hundo mis manos entre los escombros de mi casa

para reconocerme entre lo que sobra aun intacto

cae rápido la bruma y el intenso frio

lóbregas fogatas luchan con las tinieblas que envuelven los corazones

y el cielo vuelve a incendiarse, cierro los ojos

y veo la mirada perdida de mamita que está muerta

pero aún respira fuera de sí, la veo nombrar a toda su familia

entre muebles, ropas, juguetes que son nuestros y de todos ahora

en las tardes de búsqueda con todo el polvo del mundo,

tendido me acurruco a pedir que todo desaparezca.

Esta noche nos miramos sin reconocernos, todo deambula

la desesperación, el miedo, el odio, la sin razón, el olvido

Pero al mundo lo cargan niñas y niños aún entre juegos

risas tímidas y una imaginación alimentada

por las entrañas de la guerra.

En ese campo de muerte se escuchan

a los tíos cantar en la siembra que no será

hoy son unos fantasmas mas

desaparecidos y en mis ojos habitará su muerte

nadie nos mirará partir

desterrados caminaremos en la oscuridad

con las manitas hacia enfrente

para reconocernos entre el humo

a la incertidumbre, a la tristeza violenta, al absurdo de la brutalidad

al olvido, hasta que ya no recuerde sus miradas,

sus mejores palabras, el olor de la comida, las sonrisas

hasta ahogarnos, la voz suave de mi maestra,

si no antes me encuentra esta muerte

tan cerca, tan deseada.

No queremos ser mártires, ni heroínas

Han pasado tres lunas grandes después de mi segundo secuestro

recuerdo la noche de la persecución, gritos y lanzas

la sabana se convirtió en sangre

a pesar de los lamentos el silencio se pegaba a nuestros cuerpos

corrimos agarrados de las manos,

las últimas manifestaciones de humanidad

los machetes nos expulsaron

desde entonces sueño a mi familia

al sonido de los insectos por las tardes

a correr tras papá cuando regresa de cazar

con mamá en el rio.

Caminamos tres días con la tristeza en hombros,

mis hermanxs eran el último eslabón de mi comunidad

la sed y el hambre consumen nuestro cuerpo,

me despierto entre la neblina, gritos caen como rocas

no veo a mis hermanxs, todo vuelve a ser confusión

me levanto y corro, piedras me hacen sangrar los pies

tiemblo de miedo, los sentidos en la violencia son nítidos

caigo paralizadx, es mi cuerpo sin fuerza,

me inunda el dolor, la orfandad.

El sopor del sueño es lo mejor que tengo

despierto entre guerreros ajenos

somos los hijxs raptados, niñxs de guerra

todo se vuelve oscuridad y brutalidad

mi cuerpx es cortado con signos de guerra

tengo un machete en la cintura

un fusil en las manos

nos hacen comer el corazón de los enemigos,

no hay vuelta atrás, sé que no regresaré

hoy me dicen que seremos mártires

héroes de lucha, ¿De quién? de mercenarios, de falsos ídolos

nos lanzamos al camino, gritos de combate, muecas de risa

un destello me ciega, mi mente vuelve a los juegos, a los cantos,

y mi cuerpx vuelve a la tierra, una semilla que no florecerá más.

Roberto Rojas es Colaborador y Escritor del Conversatorio Ético, Estético y Político.

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