Línea Azul
Oso Mandujano

Camino por el puente que tiembla al paso de mil pares de pies por su espalda.
Me pregunto si alguna de estas almas puede entenderme. ¡Hey! tú, hermosa
mujer ¿Podrías escucharme? Tú, niño del amaranto ¿En verdad vendes
alegría? Por suerte cargo un boleto, al final del puente están los torniquetes
que dan acceso a los andenes del metro Tasqueña.
Va arribando el tren. Pienso, que alcance un lugar vacío, que alcance un
lugar vacío, se abren las puertas del vagón, ¡voila!, un asiento vacío sólo para
mí. Oye esto de visualizar y decretar, sí funciona. Ya voy descifrando esto del
secreto, lo que no termino de entender, es que el secreto de la vida quepa en
un solo tomo, en fin, prometí leerlo madre, y lo haré. A ver si así logro
entenderte o por lo menos me doy a entender.
Metro ermita, saliendo está el café dónde la conocí, le fascinaba pay de
cajeta y queso filadelfia, se fue, se fue, Raquel ¡Nunca volvió!… Hasta una
canción de salsa se burla de mí. Todavía me dueles amor, desde que te fuiste
no he podido avanzar en el guion, Raúl me dio un ultimátum, sí no se lo
entrego la próxima semana anulará el contrato. Puras fallas chingá, todo se me
juntó, debo la renta, el pago de la tarjeta y la colegiatura; pero quería estudiar
en escuela particular, bueno, eso es mi futuro, el colegio francés es el mejor en
teatro ¡Puta madre! Ya no hay Juanito caminador, me bajaré en la vinatería de
Villa de Cortés, no, que hueva, y luego hacer fila de nuevo para comprar un
ticket. Mejor negaré un rato al gen alcohólico herencia del jefe ¿Alcohólico yo?
No, yo soy borracho, los alcohólicos van a juntas.
Llevo la diversión para chicos y grandes, la bonita boligoma, estírala y
vuélvela a su normalidad, hay colores… O bien si lo prefiere, el libro, “haiga
sido como haiga sido” un libro de la verdad…
Órale, cuantas cosas puedes comprar en el metro por diez varos. Hoy
compré un multi-lector de tarjetas de memoria. Ja, baja tu día almacenado en
tu memoria virtual y súbelo a la red social. A lo mejor por eso olvido todo, ya no
confío en mi CPU orgánico y hago que el celular recuerde todo, sólo tengo que
recordar consultarlo.
Próxima estación, Xola. A ver qué más dice este librejo. “Tus
pensamientos tienen un magnetismo especial, lo que piensas en este momento
forma tu vida futura”. Pues no pienso nada bueno que digamos, Raquel no
está, no hay lana y estoy a punto de no tener trabajo. Quitar la palabra “no” de
mi vocabulario será difícil. Dejaré de decir “no”. Y si los pensamientos se
convierten en objetos, pensaré en un buen tequila para que me espere en la
mesa donde escribo.
¡Hay wey! ya estoy en el Perú ¿Cómo se llama esa cosa, sicus, kena? Y
esa mini guitarra ¿jarana?, ¿mandolina? Pinche México surrealista, pasa de un
sueño a otro, de un mundo a otro, en esta línea azul dónde el movimiento del
tiempo sí se siente, te trasporta. Sería bueno que fuera igual de barato dejar
de pensar, o entender cualquier sueño.
Compraré del aguardiente que destila el Yimi, sacó unos bien buenos de
sabor. Si con el pulque se puede, que no con el agua cachonda. “Lo semejante
atrae a lo semejante”. Una madre que carga con su hijo y al mismo tiempo una
bocina vieja reproduce un disco de baladas recicladas de otro tiempo, igual de
gastadas que los chistes pregunta y respuesta de los payasos que piden
también una moneda disculpándose por no ser buenos comediantes.
“Dar para recibir” ¿Será que si le doy un peso al chavo en turno del
eterno desfile de vendimias me desfalque? Pues si ya sólo me queda para los
pasajes y cenar algo. “Desprenderse para adquirir”. No golpees no maltrates…
Para mi que vende sufrimiento y lástima, pero… Haznos valer te pedimos,
regálanos una moneda que no afecte tu economía. Las cicatrices en su
espalda son buen elemento publicitario para su empresa vende congojas.
No soporto ese sonido de la piel presionando el vidrio, ese chillido agudo
de los filos chocando, entintándose con la sangre de la rasgada dignidad de
ese hombre, lo sorprendente es que su bebé lo mira desde los brazos de la
mamá que va pidiendo la limosna. Que buena historia podría salir de esta
escena de vagón, sí, acomodaré una buena alegoría de los vidrios reciclados
para ser instrumento de tortura improvisado, y ponerlo como acto en el circo de
la miseria. “Dar más de lo que recibes”. Mi botella de agua para el nene y la
cajetilla de cigarros a la mitad para el faquir, les aliviaran la noche, Sólo falta
dejarles 20 varos para una cena con huevos fritos. Ya se arreglará mi situación.
Tomé dos monedas de a diez desde el fondo de mi monedero de piel
mugrosa, se los di a la mujer que de inmediato las echó en el montón de
vidrios, nadie más les dio y juzgué su egoísmo. Pero comprendí que las
monedas tomaron el valor del vidrio al momento de tocarlo y su economía
estaba tan rota como la mía y su sentido de vivir. Sólo se sobrevive. Esto lo
pensé al bajar en la misma estación que ellos, Pino Suarez. Y la acción primera
del vidriero fue esculcar las monedas para guardarlas en el mismo bolsillo de
donde saca un trozo de estopa, listo para ser humedecido con el solvente que
la madre sacó de entre el reboso del niño.
“Tu trabajo eres tú. Si no te llenas a ti mismo, no tienes nada que dar”.
A lo mejor le podría dar el libro, pero insisto el secreto de la vida no cabe
en un sólo tomo, y no cabe en un solo hombre, el hombre es conforme a
los demás.

