Poemas José Manuel Villegas
José Manuel Villegas, escritor y poeta nacido en CDMX, estudió letras hispánicas en la facultad de filosofía y letras de la UNAM, ha publicado los libros de poesía, Homicidio en tres actos y otras palabras peligrosas y Los cisnes no llegan a Helsinki. Coofundafor del Colectivo Los Versibundos con dos antologías publicadas, llevando la poesía a varios rincones de la ciudad de México y otros estados.

A
Ad
Ada
Nada
Grada
Mojada
Tatuada
Nacarada
Hechizada
Desubicada
Amortiguada
Destartalada
Desamontonada
Desenmascarada
Desacostumbrada
Ultradimensionada
Abracadabratizada
Electromagnetizada
Quintaescencialisada
Temporoespacialisada
Pluridimensionalisada.
Y así es como bola de nieve ruedan las palabras
Mientras mi soledad me hiela
Águilas sobrevuelan esta hoja, la brisa celosa las hiere
Mis manos son presa de la náusea
Escorpiones penden de árboles negros, ojos, narcóticos y desenfreno
La tierra es de marfil frutas inmortales nacen de su sabia
Las hormigas de metal rondan las arterias
Mis ojos dulces al morderlas
El tiempo me releva salgo sin tanta prisa para mi tumba
Eternizo la tarde para que no llegue mi hora
Y el agua muere…
Hay poetas como yo que soñamos altares
Y nuestro sueño permanece colgado
Y perdemos los ojos y ya no miramos nada
Y aún así sigo amando 3l mar, sus brazos
Beso Suavemente al mar
El mar vive…
Mis ojos de pronto gritan y un murmullo se dibuja en el aire
Es el aliento de mis venas pidiendo sangre para mi muerte
Mi lengua produce una palabra, sangre salada, miró al miedo de la noche, el peso de la luna
cae en la palabra, octubre se detiene, mientras diciembre se
Prende.
No se ya nada del pasado ni de las sombras.
Porque alta noche ávida de presas
Adverso mío albo el oriente
Céfiro entre mi alma inope
Acerbo mar rasga mi frente
Lampo el cielo astrifero y turquesas
Argento el ojo, despiadado
Áureo el rostro, marchitado
Frente de mi monstruo biforme
Tras de mi muerte,mounstro bicorne
Báratro para mi alma Cornigera
Diablo maldito, demonio multiforme
Soplar, subir, sobre
La luz ligera.
De pronto tras la luz peces de cristal velan mi calma mi mirada deambula entre sueños, donde
el eco construye el silencio y ángeles diminutos Danzan el son de una sinfonía sangrienta en un
borde del cielo. Pasos de colores sobre viejas calles de lluvia acuerdas desafinadas, qué quiere
de muertea la noche en esa lenta muerte que no mata. Terminaré siendo un cadáver que
cantará las canciones del viento y beber a esa sangre mineral mientras me baño en ríos
jordanes deseando todo el tiempo un amor azul, azul como el corazón del océano que palpita
ardiente y me hace heridas deliciosas y me hunden laberintos de fuego que cruzan un mundo
complicado donde las arañas nos atraparan, y el aroma de la noche nos hará desfallecer. Ahí
donde los dioses se crean a sí mismos, el sabor amargo de lo cotidiano.

