Un sujeto ético verdadero contra el sujeto neoliberal
El sujeto neoliberal es el que funciona como una empresa. Es el empresario que invierte y gestiona su empresa para sacar unos beneficios. El empresario es una ficción que tiene efectos simbólicos porque nos lo creemos. Es este yo que hace ya casi tres siglos David Hume nos mostró que era algo que construíamos desde la imaginación y la memoria ( hoy añadiríamos desde la lengua). Lo llamamos Yo. Este yo gestiona su capital para conseguir el máximo de beneficios. ¿ Qué recursos? El capital económico ( dinero, patrimonio, ingresos), el capital social (sus redes de influencia,estatus), su capital simbólico ( sus competencias) y su capital erótico (su imagen). Invierte ( dinero, tiempo, trabajo) en aumentar su capital. Es la lógica absoluta del capitalismo en la que uno se mercantiliza a sí mismo y se somete a la lógica del aumento indefinido de capital. Es el nuevo superyo. No creo que sea la felicidad como se dice ahora. Es el Otro el que nos somete a esta lógica. El Otro es el Mercado. Aquí encontramos el placer que nos da este éxito, el ser reconocidos por este Otro que es el Mercado. Combinado con la satisfacción a través de los objetos que nos ofrece este mismo Mercado. El sujeto neoliberal busca reconocimiento y está sujeto a este Otro que lo domina que le exige ser un ganador. Y quien pierde en esta empresa se convierte en un deshecho. Y quien gana está alienado en este Otro del Mercado. Este es el círculo vicioso del que hay que salir Al sujeto neoliberal hay que oponerle un sujeto ético verdadero. Por esto entiendo un sujeto que sea capaz de elaborar un proyecto ético que oriente su vida. Que sea capaz de responsabilizarse de su vida y de las consecuencias de sus actos. Que asuma un compromiso político con la sociedad en que vive. Que sea el adulto emancipado que proponía la ilustración. Con criterio propio y cooperando con los otros. No quiero parecer un moralista, aunque quizás sea inevitable. Al neoliberalismo hay que oponerle un sujeto no con un discurso diferente sino que funcione de manera diferente. Más solidario y más respetuoso no solo con los otros sino también consigo mismo. Que acepte sus limitaciones y sus fracasos. Que entienda la vida como un aprendizaje y no como una competición. Que busque la manera de potenciar lo singular en la pluralidad. Trabajando en lo común por una vida mejor para todos. Lo importante, claro, es que no sean palabras, que sea ideas transformadoras. El sujeto ético tiene una dimensión política. Pasa por participar en la vida pública, lo cual se puede hacer de diferentes maneras. Pero lo que hay que hacer necesariamente es exigir a los gobernantes que las instituciones funcionen para garantizar los derechos iguales de todos. El sujeto ético tiene derechos y obligaciones. El reconocimiento del otro como sujeto de derecho es la obligación básica, la única que hace posible una buena convivencia. Podríamos remontarnos al principio de la modernidad europea y ver que comienza con dos concepciones del sujeto radicalmente distintas. La de Descartes y la de Spinoza. La de Descartes es la de un sujeto pensante que tiene un cuerpo y que puede dominar la naturaleza. Tanto el cuerpo como la naturaleza son mecánicos. Es un proyecto faústico en el que el poder del sujeto humano no tiene límites. La tecnología actual es su consecuencia, incluso el mundo virtual telemático, la biotecnología, la inteligencia artificial y los proyectos de transhumanismo. La segunda es la de Spinoza. El sujeto es la idea de un cuerpo con idea de sí mismo. El cuerpo es el modo singular de la naturaleza como expresión de Dios. El sujeto humano ha de saber que no es «un imperio dentro de otro imperio» ( el de la Naturaleza). Y de saber y respetar sus límites. Si hubiera ganado la concepción del sujeto de Spinoza estaríamos, sin duda, en un mundo mucho más equilibrado que el que estamos. Este sujeto neoliberal también es heredero de la concepción cartesiana. Este sujeto ético verdadero que propongo es, en cambio, muy spinoziano.
Luis Roca Jusmet, Barcelona (1954) escritor y filósofo. Autor de los libros «Redes y obstáculos»(2010), «Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault»(2017) y «Manifiesto por una vida verdadera»(2023). Colabora con la revista virtual «Barbarie. Pensar con otros»


