¿LOS RECUERDOS COMO ACCIONES QUE SE REPITEN
Y/O REPETIMOS PARA NO RECORDAR?
Por: María Isabel Fernández Manríquez.
Una de las maneras que me hace posible iniciar este escrito, es reconocer aquellas lecturas
que aún revisadas anteriormente, es hasta este momento, en el contexto del seminario, que
cobran un especial y significativo lugar dentro del proceso analítico, quizá más como
analizante que como analista, dado que no estoy realizando una práctica activa en un
espacio clínico de consulta.
De igual forma, es la primera vez que participo en un ejercicio de escritura intentando
disertar sobre los fundamentos técnicos de Freud y Lacan, sin que resulte amenazante y
complejo, es por ello que la alternativa que ubiqué es compartir las preguntas que
resonaban alrededor de las lecturas sugeridas para la clase del 26 de abril, en el eje práctico
alrededor de los escritos teóricos de Freud sobre Recordar, repetir y reelaborar y las
precisiones que realiza Lacan sobre ello en la clase del 13 de enero de 1954 sobre los
escritos técnicos de Freud.
Como contextualización para poder seguir el planteamiento de Freud al inicio del
tratamiento psicoanalítico, resultó bastante esclarecedora la manera como Lacan
circunscribe el momento, no tan sólo histórico, sino de construcción de los planteamientos
freudianos en los intereses y necesidades de acuerdo a los descubrimientos y
puntualizaciones a realizar bajo lo que Lacan llama “el método psicoanalítico”,
comprendidos estos escritos técnicos de Freud, entre 1904 y 1919, por su título,
presentación y contenido.
Sin duda, esta precisión esclarece el abordaje que realiza Lacan sobre la terapéutica
analítica, en donde le da un papel fundamental a la noción de resistencia y a la función de
transferencia, el modo de acción e intervención en ella, que permite resaltar el papel de la
neurosis de la transferencia.
Cabe aclarar que es hasta esta relectura de la clase de enero de 1954 que me es posible
comprender la importancia, recorrido y enriquecimiento que realiza Lacan de la genialidad
de Freud, así como la trascendencia de sus constructos a la luz de nuevos avances y
descubrimientos epocales que lo hacen posible.
Quizá para varios analistas y estudiantes interesados en la práctica analítica sea por demás
obvio e intrascendente esta lectura, mi lectura, sin embargo en lo particular yo sentí una
gran satisfacción al poder ubicar, relacionar y vincular a estos dos semilleros del
psicoanálisis.
Lacan al “releer” a Freud nos ofrece puntualizaciones que articula tomando como eje la obra
freudiana y se permite elaborar metáforas e interrogantes que hacen posible una lectura
otra a los escritos técnicos, es decir concretar como parte de la práctica analítica un proceso
de trabajo fundamentada en la relación interhumana entre analista y analizado, la inter-
reacción imaginaria entre ambos que debe tomarse en cuenta, así plantea una interrogante
crucial ¿qué hacemos cuando hacemos análisis? Y un punto de partida sólido y claro, lo
encontramos en 1914, tomo XII, trabajos sobre técnica psicoanalítica II, de las obras
completas de Freud.
Ir y venir de Freud a Lacan y viceversa, es el camino que me permitió realizar la lectura con
mayor entendimiento de los escritos técnicos bajo una perspectiva de enseñanza y respeto
a los diferentes momentos que ha tenido la técnica psicoanalítica, nombrada así por Freud.
En este marco es que Freud plantea que la técnica psicoanalítica permite “en términos
descriptivos: llenar las lagunas de recuerdos; en términos dinámicos: vencer las
resistencias de represión”.
Los planteamientos centrales recuperados de la experiencia de Freud, al referir al olvido de
impresiones, escenas y vivencias debido a un bloqueo, (ya que si recordamos algo es
porque nunca se ha olvidado) el cual sólo es posible vislumbrar gracias a la libertad de
asociación libre y la escucha del analista, para que aquello que no se recuerda devenga y
tome presencia, sin poder reconocer dice Freud “ en verdad lo he sabido siempre, sólo que
no me pasaba por la cabeza”…en este saber, me detengo, porque no es un saber que se
pueda apalabrar, es frecuente que hay vivencias y experiencias de vida en edades tan
tempranas, que no se encuentran las palabras que lo puedan nombrar “sensaciones de
vacío, de tristeza, de miedo y angustia” vislumbrando un gran hoyo sin fondo al cual nadie
quiere caer y mucho menos “recordar” como fue la caída si es que la hubo, a este pasaje
Freud lo explica como vivencias que fueron en épocas muy tempranas de la infancia y que
en su tiempo no fueron entendidas, pero han hallado inteligencia e interpretación con
“efecto retardado”, la mayoría de las veces, dice es imposible despertar un recuerdo.
Y aquí viene lo que me pareció tan revelador y más interesante, cuando señala que “el
analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No
lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite sin saber. Así es como inicia la
cura “repitiendo”, pongo un ejemplo…un analizante que dice no tener mucho que decir y
hace referencias anecdóticas, como recuento de sucesos actuales del día a día, pero llega
tarde o no llega a la sesión y menos aún avisa, pasado un tiempo, puede referir que en su
familia no se permitía hablar de lo que pasaba, no preguntas, no dudas, cada uno tenía que
habérselas y arreglárselas por si mismo, con sus recursos… en algún momento del análisis
llegó a preguntarse si esta dinámica familiar tenía que ver con su imposibilidad actual de
llegar a tiempo a la sesión, de temer hablar y terror de “recordar” ¿que hizo él con su
necesidad de ser acompañado? y que “alguien” pudiera estar sin crítica ni juicio, es decir
escucharlo para darle lugar a algunos acontecimientos de la vida que no alcanzaba a
explicase, a entender…entonces repetía lo que bien se hacía en la familia, callar, no llegar,
retrasar para no enfrentar o “entender”… “a mayor resistencia más será sustituido el
recordar por el actuar” (repetir).
Es en este momento cuando Freud “introduce el valor e importancia de la transferencia,
como vehículo o motor para callar o no a los síntomas patológicos, en caso de que no, el
enfermo extrae del arsenal del pasado las armas con las que se defiende de la continuación
de la cura, y no es preciso arrancarle pieza por pieza”…
Subraya Freud que el analizado repite en vez de recordar y repite bajo las mismas
condiciones de la resistencia, con este recorrido plantea la pregunta … ¿Qué se repite o
actúa, en verdad? Pregunta crucial que me atrapó…”Se repite todo desde las fuentes de su
reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes
inviables, sus rasgos patológicos de carácter…y además durante el tratamiento repite todos
sus síntomas”…retomando el ejemplo anterior y vinculándolo con la trasferencia, en donde
la posición del analista es crucial, ya que es la que sostiene o no al proceso analítico (se
sostiene él y al analizante), al ofrecer el tiempo y el espacio para acompañar al analizante,
a hacer camino hacia la dilucidación de su actuar, lo que no es tarea simple, para éste
puede resultar complejo encontrar, crear un camino que desconoce, ya que implica un acto
que rompa con la repetición (darse cuenta, asociar sus actos repetitivos con él mismo y sus
circunstancias históricas de vida que se actualizan y entrecruzan en el espacio analítico), a
través de los señalamientos del analista, que puedan ser puentes, claves que “hagan
pensar”, “hagan sentir” que algo de la señalado tiene que ver con el analizante, así pueden
devenir alternativas, propuestas, ideas singulares en correspondencia con su historia de
vida y la posibilidad de descubrir y atreverse a reinventar otra versión de sí mismo, a través
de preguntarse, entre otras cosas ¿qué pasa si…ahora lo hago diferente, darle paso al sí
en donde el no ha sido una constante?
Sin duda, esta posibilidad de revivir lo actuado, pero bajo otras condiciones, la experiencia
se vive de otra manera, más favorable, albergando la noción de que el malestar puede ser
temporal, la escucha atenta del analista, promueve el despertar de los recuerdos por la vía
motriz (acciones) ante la imposibilidad de verbalizarlos como tales, lo que abre el
vencimiento de las resistencias.
Este acto de repetir, permite que los recuerdos emerjan, sin que sea inevitable el resistirse
a ello por miedo, por “no saber” lo que está reprimido, pero cuando se corre el riesgo,
puede resultar que era más angustiante “el miedo al miedo” que lo que lo provocaba, es
preciso dice Freud, darle lugar a la resistencia que emerge, dentro del trabajo en común
con el analizado, las mociones pulsionales reprimidas que la alimentan y de cuya existencia
el paciente se convence en virtud de tal vivencia.
En este proceso de repetir como vía para recordar se abre una gran oportunidad, la
reelaboración, como este movimiento o un alto, también, al insistir de la conciencia que no
hace más que exigir más de lo mismo (repetición) para darle cabida a otra mirada, otro
sentir, otro actuar, lo que sin duda, implica una ardua tarea para el analizado y pone a
prueba la paciencia para el médico, señala Freud y es aquí donde se rompe y se marca la
diferencia entre un análisis y una terapia o psicoterapia, suele presentarse la tentación
(desde la psicología) de “decirle” al paciente lo que le pasa sin que él pueda reconocerlo
por cuenta propia.
Siguiendo los escritos técnicos de Freud, Lacan en la clase del 13 de enero de 1954,
reelabora y precisa otros ángulos para reconocer la noción de resistencia, la función de la
trasferencia, así como la riqueza del pensamiento freudiano.
Recupero la afirmación de Lacan cuando refiere que la experiencia analítica debe
formularse en una relación de tres y no de dos, entiendo que no hay manera de pensar en
una relación dual, estática y rígida, pero a qué se refiere cuando dice que es posible
¿“hablar de tres relaciones duales que se establecen en su interior”?, lo único que pienso
es el papel de la trasferencia y su recreación en el espacio analítico que toma diferentes
matices…y es hasta esta precisión que me es posible reconocer el papel fundamental de
la trasferencia en el proceso analítico…
Otro aspecto importante que precisa Lacan es alrededor de la noción “de que la
reconstitución completa de la historia del sujeto es el elemento esencial, constitutivo,
estructural , del progreso analítico” y cómo para Freud éste es el punto de partida, es decir
la aprehensión de un caso singular, su manera de estudiar un caso en su singularidad.
Lacan lo concreta claramente, diciendo que esto quiere decir “que esencialmente, para él,
el interés, la esencia, el fundamento, la dimensión propia del análisis, es la reintegración
por parte del sujeto de su historia hasta sus últimos limites sensibles, es decir hasta una
dimensión que supera ampliamente los límites individuales”…de esta manera rompe con
técnicas y supuestos teóricos generalizables y aplicables a todos por igual, colocando en
tela de duda un diagnóstico dictado por las características conductuales establecidas en
inventarios estandarizados.
Esta dimensión de lo singular revela dice Lacan “ cómo acentuó Freud en cada caso los
puntos esenciales que la técnica debe conquistar; puntos que llamaré situaciones de la
historia”… pero aclara, “la historia no es el pasado. La historia es el pasado historizado en
el presente, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado…El camino de la
restitución de la historia del sujeto adquiere la forma de una búsqueda de restitución del
pasado. Esta restitución debe considerarse como el blanco hacia el que apuntan las vías
de la técnica”…
Estos planteamientos de Lacan permiten ubicar la intención y sentido de la técnica
psicoanalítica de manera clara y contundente, “que el sujeto reviva, rememore, en el sentido
intuitivo de la palabra, los acontecimientos formadores de su existencia, no es en sí tan
importante. Lo que importa es lo que reconstruye de ellos, se trata de la lectura, de la
traducción calificada, experimentada, del criptograma que representa lo que el sujeto posee
actualmente en su conciencia, que no sólo se refiere a sí mismo, sino al conjunto del
sistema (él mismo y el todo)”…se trata menos de recordar, que de reescribir la historia…
Esta reescritura es lo que le da al análisis una riqueza para el analizante que va más allá
de lo sintomático, involucra una manera crítica y creativa de vivir la vida sin sufrirla… es
una ventana diferente de posicionarse ante el sujeto y su historia.
María Isabel Fernández Manríquez.


