Entre el olvido y el amor, el fuego de Cuauhtémoc
Por Roberto Rojas Guzmán
La colonia Cuauhtémoc no termina de descender, su imagen es una transformación perenne e impermanente, esta se encuentra ubicada en la zona central de la Ciudad de Mexico dentro del corredor de reforma. En ella la resistencia al cambio la hacen los palacetes de diseño art novuoe, estilo californiano, art deco o modernistas que identifican sus periodos transicionales , así mismo iconos como el mismo Cuauhtémoc, la diana cazadora , el hombre mirando al firmamento, el monumento a la madre y el majestuoso monumento a la independencia, pero también la memoria de sus escasos ciudadanos arraigados entrados en la tercera edad , como la maestra Ángeles mujer de 76 años, menuda de carácter afable y mirada expresiva, que nació y ha vivido en la Cuauhtémoc desde entonces, ella recuerdan lo apacible de sus calles, el bullicio de los niños que rompían el silencio de la colonia también los juegos al bote pateado y las expediciones en los camellones recién diseñados sobre reforma. Desde su creación a finales del siglo 19 y su inauguración formal en 1905 hubo un auge estrepitoso de urbanización mas allá de mediados del siglo 20. A partir de los grandes potreros y sembradíos de haciendas de los alrededores, en especial el de la Teja, se construyeron los boulevares que definieron una colonia cosmopolita inicialmente con características residenciales para la clase acomodada de entonces, una reminiscencia de la herencia colonial y que marco así mismo el inicio de la vida comercial con tiendas de abarrotes , ultramarinos y panaderías pertenecientes a comerciantes españoles. A las calles inicialmente se les dio una nomenclatura de calle 1 o calle 2, pero se decidió dar un aire mundial a la colonia nombrando a estas por la denominación de rios nacionales e internacionales.
Hoy la colonia Cuauhtémoc es la cuna integral del mundo bursátil de la capital y del corredor turístico y financiero de Reforma – centro histórico , pero también el jugoso espacio comercial y del Modelo de gentrificacion neoburguesa de poderosos inmobiliarios, una vivienda con ciertos elementos históricos arquitectónicos donde vivía una familia, ahora se levanta edificios que rompen con la estética visual, donde no importa el hacinamiento en departamentos de 60 m cuadrados, sino el status de generaciones definidas por el culto a la personalidad donde lo más importante no son los principios que descansan en la cordial vecindad, lo vital es lo Fútil de las redes o la frívolidad comercial del consumo una promesa del hedonismo actual. A finales de la pos revolución , en los años 36 al 40, fue marcada por la segunda oleada de españoles exiliados tras la derrota del gobierno republicano, al inicio 5500 españoles llegaron, de los cuales se estimo que el 25% de los refugiados eran del grupo intelectual de militantes republicanos y que algunos de estos fueron acogidos no sólo por la política cardenista si no por pobladores liberales de izquierda de la colonia como Don Jorge Díaz Ortiz Vilela, padre de la maestra Ángeles, un ferrocarrilero combativo que apoyaba al movimiento independiente de los sindicatos de esa industria y por lo cual resultaron finalmente reprimidos en 1948, Don Jorge, hombre de principios también perteneciente al partido comunista que residía en la calle de río Lerma formalizo su apoyo solidario recibiendo algunos intelectuales y científicos españoles, en esos años convulsos y que su humanismo se veía reflejado en cuidar a su familia, los domingos los llevaba a comer los guaraches gigantes del mercado Jamaica y en ocasiones su condición de ferrocarrilero le permitía llevar a su familia a paseos en los alrededores de la urbe citadina construyendo un entorno de bienestar y amor familiar.
Este hombre ejemplifica la historia de muchos habitantes extraordinarios de las colonias de esta urbe citadina, sus vivencias personales moldean la historia y las expresiones construyendo la red cotidiana y la memoria de cada conglomerado social, sus experiencias son ejemplos de vida que es necesario rescatar.
A pesar de la fugacidad de la Cuauhtémoc existe cariño de mujeres y hombres que resisten ante el cambio, forman un apego que se construye de anécdotas de lo nuevo y del vez en cuando un choque ante lo diferente que simboliza la nostalgia de lo olvidado, la lección es que el hombre aprende más de la adversidad que de las cosas fáciles y el éxito, es crueldad o enseñanza, pero esta experiencia es colectiva y de generaciones, un eclipse que permanece en la colonia Cuauhtémoc, hasta el nuevo fuego para destruir y construir, un mañana que precisa continuar y que sus ciudadanos añoran navegar para resistir y mantener el rumbo, para entender que la memoria es raiz etérea ante el inexorable paso del tiempo.

