POESÍA EN CORTO
Por: Roberto Rojas Guzmán
Seguramente haz de recordar una sonrisa rápida y cautivadora que
nunca regresará o al mirar la noche se desplaza ante ti un cuerpo
celeste sin pedir un deseo o un recuerdo que parece más bien una
conversación vieja, sensaciones que no se repetirán y que las logras
abrazar por segundos, la realidad de estos micropoemas, es que son
un mirada instantánea ante un estímulo inevitable, profundamente un
reflejo de nuestras pasiones de lo que en ese momento te cautiva y
que poco a poco vas descifrando, no intentan ser la última palabra de
hecho son una vanguardia con todos sus errores, fueron creados al
vuelo digámoslo así de sencillo, en mis momentos de ocio, en mis 40
minutos de caminata, en el cabeceo antes de sucumbir ante el sueño,
pero que no es la vida sino un gran galimatías donde intentamos jugar
a las probabilidades. Y como esta presentación está siendo
demasiado pronunciada, contraria a la esencia de estos versos, mejor
te invito a leerlos.
DE HURACANES DIMINUTOS Y ALGUNOS
SOBRESALTOS
I
Se materializa la noche aquí en tus ojos de incendio y engulle el
recuerdo de tus primeras sonrisas, una incierta y vacilante promesa
que no acaba de empezar, que resuena en las cimas de mi piel, que
navega en mi saliva de ti.
II
Y me labras como el mar a la concha, me haces animal de tus
profundidades, ahí sin luz casi paralizado sueño en el movimiento y
aún así soy parte de tus tormentas, que me conducen a los arrecifes
de tu boca, donde terminare sin morir.
III
Soñando tu olor en rompecabezas, en la forma acuosa de dominar mi
especie, una noche de tormento y miel-alquimia de labios, delineados
por seres profundos que usaras para mecer mi deseo, chamanismo
instintivo de tu ser, forjado por tus manos de mariposa.
IV
En esta mortaja de palabras , nunca encontré un motivo del suicidio de
tus sombras, ni en la ruta de tu frenesí corpóreo, nunca decifre el eco
de tu deseo, ni te adivine en las noches de fragmentos clandestinos,
pero estas ahí acechando en esta noche lluviosamente silenciosa.
V
Como tormenta en la selva, ahí en el borde de tu cuello me exilié, tu
temblor es alimento de días que no caen, lo que fuera mente se divide
en tus diversas voces antes de estallar, en la madrugada previo al
sueño te pronuncio como sortilegio.
VI
Y que importa, al final recorremos el mismo camino sinuoso de la
muerte, todos lo sabemos, todos viviremos en ella.
VII
Hay algo ahí en la lluviosa noche que me evoca a tu piel sudorosa, a
la geografía de tu instinto, al alarido de tu pequeña muerte que me
enerva, puerto del que nunca hubiera partido.
VIII
En la boca de tu deseo duermen tres felinos, uno me mira con recelo,
el segundo se duerme en mis ojos, el último me engulle y ronronea.
IX
Nada es demasiado pronto para el fin, ni la memoria de lo que fue piel
de mi, ni esta tarde de sonrisas complices.
X
Comer tierra desenterrando la memoria para vivir, para recordar a los
que flotando dentro de todos, presencias que nos devoran, que nos
mecen en la promesa de la muerte.
XI
Y ahí estaré hasta el final de mis días desenredando mis nudos, sobre
tardes de luz durmiente, en la soledad, en el rocío del amanecer, aún
antes de respirar la muerte.
XII
Recuerdo buscarte en esa sangre que vuela en parvada , en la
telaraña de mi cuerpo, en la polvareda de mi voz y desaparecí con
todo y tu nombre.
XIII
Te invoco con mis huesos fantasmas, con mis besos desaparecidos,
depredadora de suspiros, méceme en tus caderas, en la cadencia de
tus dedos, ahí en la fosa de tu ombligo.
XIV
En la penumbra oteo la humedad, soy tiempero de ti, sembrador de tu
espalda con mis cambiantes labios, reposa tu semilla en la locura de
mi olfato y un ser sobrenatural me sumerje a tu cabellera protegida por
columnas.
XV
Internarme en ese laberinto de sudor, navegar los mares de tu cuello,
es mi mortaja submarina, el suave vaivén hasta tus arrecifes
calcinados, la mejor forma de internarse en tu mar profundo.
Roberto Rojas Guzmán
Autor de obra y Colaborador de la Publicación Conversatorio,
Ético Estético y Político.

