CUERPO, MENTE, SUJETO

Por: Luis Roca Jusmet

Maurice Merleau-Ponty habla de la fe perceptiva. Frente al
simulacro de la duda cartesiana, Merleau-Ponty nos habla de
la fe que todos compartimos, incluso Descartes. Aquello de lo
que ni él mismo puede dudar cuando sentado frente a la estufa
inicia sus meditaciones metafísicas. Una cosa es decir que
dudamos y otra dudar de verdad. Todos estamos seguros que
vivimos y sin esta fe perceptiva es imposible. Todos tenemos la
certeza de lo inmediato del cuerpo y sin esta certeza
enloqueceríamos. Partamos de aquí para pensar el mundo,
que tampoco es, como insistió Heidegger frente a Hursell, el
objeto de nuestra percepción sino aquello de lo que ya
formanos parte desde nuestra corporalidad.
La mente, en cambio, es una trama de recuerdos del cuerpo.
Recuerdos quiere decir imágenes asociadas a afectos.
Recuerdos que están presentes como marcas que nos
condicionan, seamos conscientes o no de ellas. Esta es la
parte invisible de nuestra percepción. La visible es la de toda la
información sensorial que nos llega al cuerpo. Pero la parte
invisible es la que da las significaciones. Esto hace que lo que
percibimos sea a la vez lo mismo y otra cosa que los otros
Nacemos con una triple herencia. La genética, de los padres
biológicos. La simbólica, que viene básicamente de la lengua y
las leyes ( escritas y no escritas. Luego, una más oscura, que
es la imaginaria. Toda la red de imágenes que envuelven
nuestra concepción y nuestro nacimiento: deseos,
expectativas, resentimientos, rechazos, esperanzas… Con esta
herencia y la de nuestras experiencias infantiles cargamos
cuando empezamos a ser conscientes de nosotros mismos,
cuando empezamos a subjetivarnos. Puede ser una sujeción si

nos determina o el punto de partida para construir una
subjetividad propia, por muy condicionada que esté. O
repetición o creación, esta es la cuestión.
Cada sujeto es un modo singular interdependiente y en
proceso de transformación. La continuidad la encontramos en
el proceso y en las estructuras que permanecen
modificándose. Nuestra subjetividad depende de nuestra
capacidad reflexiva y de transformación. Nuestro «yo» es lo
que construimos desde la imaginación y la memoria sobre
nosotros mismos. Lo importante es no perder esta perspectiva
y no caer en la idolatría de una autoimagen fija a la que adorar.
Porque este es el narcisismo de nuestra época. Y es lo que
alimenta la vanidad por un lado y la «falta de autoestima» por
otro. O un narcisismo inflado o un narcisismo herido. : siempre
atrapados por nuestra imagen. El trabajo interno es el de saber
cómo salir de este círculo vicioso y la vía es siempre a partir de
la autoaceptación de lo que somos, con nuestras limitaciones y
posibilidades. Somos lo que vamos tejiendo en esta trama de
relaciones de la que formamos parte, cuyos hilos no dependen
en de nosotros y que algunos llaman «destino» y otros «azar».
La discusión sobre si somos o tenemos un cuerpo es muchas
veces equívoca y cansina. Pero me gustaría hacer una
pequeña aportación para concluir que efectivamente somos un
cuerpo. Es decir, que con esta afirmación entendemos mejor
nuestra condición que con la contraria, que afirma que
tenemos un cuerpo.
La sociedad griega parece que entendía que cuando nos
moríamos la psyque continuaba un tiempo en un proceso de
evaporación progresiva, hasta que desparecía. Pero frente a
esta opinión imprecisa aparecen dos formulaciones claras: una
dualista y otra materialista. La dualista es la pitagórica-
platónica: somos una alma eterna e indivisible que moramos
en un cuerpo divisible. Hay que decir, de todas maneras, que

aquí “cuerpo” quiere decir una estructura física que recibe la
vida del alma. Es decir, el cuerpo vivo es un cuerpo animado.
La teoría materialista procede del atomismo y el que la
elaborará Epicuro y posteriormente Lucrecio en la época
romana. Como sabemos nuestra civilización europea surge del
encuentro entre esta tradición grecorromana y el cristianismo,
que viene a ser una reforma del judaísmo y que procede del
Próximo Oriente. El cristianismo habla de la carne y el espíritu
pero la formulación claramente dualista la hará a partir del
planteamiento platónico. Queda entonces una concepción
dualista basada en la diferencia entre alma y cuerpo, espíritu y
materia.
Pero será Descartes el que formulará este dualismo en
términos modernos. Somos una substancia pensante y una
substancia extensa. Pero Descartes introducía una importante
variación con respecto a Platón. El cuerpo no continúa siendo
un cuerpo muerto, como en Platón, sino un cuerpo vivo, ya que
se entiende como algo que es mecánico y la vida es un
mecanismo. El vitalismo va perdiendo la vida frente al
mecanicismo y la medicina se planteará en estos términos de
arreglar piezas y mecanismos. Cuerpo muerto, cuerpo
mecánico. Finalmente pienso que el mecanicismo se ha
superado por la propia ciencia y hoy existe una concepción
vitalista que diferencia radicalmente lo vivo de lo no vivo.
Spinoza planteará otra opción. La Substancia, es decir la
Realidad infinita, se manifiesta a través de dos atributos finitos:
pensamiento y extensión, alma y cuerpo. El cuerpo recibe así
la misma dignidad que el alma. El alma es la idea del cuerpo,
es decir ilumina el cuerpo. El ser humano es libre en la medida
en que este cuerpo recibe una idea adecuada de sí mismo. Lo
singular de cada individuo es el acto existencial de un cuerpo
pensante. Lo que hace la mente es conocer el cuerpo a través
de sus afectos.

Serán Schopenhauer y Nietzsche los que darán la prioridad al
cuerpo. El cuerpo es voluntad de poder, es un campo de
fuerzas. Schopenhauer lo valorará negativamente y Nietzsche
positivamente pero no importa, no es esto de lo que hablamos.
El cuerpo se convierte en algo vivo del que la conciencia (“el
alma”) es su elemento más superficial.
El espíritu, lo mejor del hombre, es expresión de este cuerpo,
de esta estructura dinámica y compleja. Foucault y Deleuze
serán los filósofos contemporáneos que elaborarán, de alguna
manera, una filosofía del cuerpo.
Las neurociencias han intentado en algo caso, como el de
John Eccles, mantener una postura dualista. Otros lo han
hecho en términos materialistas, como Antonio Damasio.
Considera el cuerpo como algo separado del cerebro y a la
mente como su producto. El cerebro es un aspecto del cuerpo
y la mente es una red de representaciones cargadas
emocionalmente. Francisco J. Varela dice que somo un cuerpo
eneactivo, una cognición corporizada. Porque el cuerpo no es
mecánico, el cuerpo es un campo de significaciones y afectos.
Valera busca en el budismo una afinidad. Lo hace desde el
budismo indio de Najarjuna y la tradición Madhyamika. Pero a
mí me recuerda sobre todo la tradición soto del budismo zen
de Taisen Deshimaru y su hincapié en el cuerpo. La actitud
correcta, la respiración correcta, la postura correcta. Desde el
cuerpo. El sinólogo y filósofo suizo Jean François Billeter habla
de Zhuangzi y dice que se centra en el cuerpo entendido como
un conjunto de capacidades, recursos y fuerzas.
Pasemos al análisis del cuerpo desde el psicoanálisis de
Jacques Lacan. Está el cuerpo simbólico, que es el cuerpo tal
como lo articulamos desde el lenguaje, como un conjunto de
significantes. Cualquier cosa que diga sobre mi cuerpo (ser o
tener, no importa) es posible porque hay un sujeto que habla.
En este sentido “no somos un cuerpo” porque esto es una

afirmación que hacemos desde el lenguaje. Hay después el
cuerpo imaginario, que es la imagen superficial nuestra y del
otro, la que vemos reflejada a través de la percepción y la
imaginación, que es como se nos aparece el cuerpo del otro.
Este es el cuerpo con el que nos identificamos. Está,
finalmente el cuerpo del goce, que es el cuerpo que siente y
que sufre. Pero está más allá de lo que podemos decir e
imaginar.
El psicoanalista François Ansermet y el neurocientífico Pierre
Magistretti han intentado buscar un encuentro entre las dos
disciplinas en su magnífico libro “A cada cual su cerebro.
Plasticidad neuronal e inconsciente”.
Nuestra identidad viene del cuerpo porque es cuerpo es esta
estructura dinámica que experimenta. El cuerpo es el sujeto de
la experiencia, en el sentido que es el cuerpo es que
experimenta. Experimentamos desde nuestro cuerpo. Otra
cuestión es que desde el cuerpo-cerebro emerge una realidad
diferente que es la psíquica. Y que hayamos construido algo
que es la lengua. Somos sujetos porque somos
autoconscientes, pensantes y hablantes. En este sentido no
podemos decir ni que somos cuerpo ni que tenemos cuerpo.
Somos cuerpos subjetivados.

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