Waaklajun
Por: Victor Hugo Pedraza
WAAKLAJUN
(DIECISÉIS)
Te amo como si siempre te estuviera diciendo adiós, Clarice Lispector.
recipiente, —bajo la noche estrellada— del Universo.
La llama contemplada me incita a sentir a escribir,
pone frente a mí lo que fue lo que es lo que debería ser.
En mis entrañas una rebelión que se calma sólo con las oscilaciones del ensueño.
Soy, entonces, quien se comunica con los grandes soñadores de la vida anterior, la gran reserva de la vida solitaria. Sensible a la luz mínima.
Sueño
—solitario, ocioso— frente a la vela —brilla es vida— habla —exige ser escuchada.
¡Acércate dame tu mano!
UUKLAJUN (DIECISIE)
¿Escuchaste?
Todas esa voces me anteceden. No son palabras propias de almas atormentadas. Son almas que apuestan, que fueron escuchadas. Todas buscaron el corazón, el pensamiento, el alma de muchos, pero sólo algunos las aceptaron.
Ahora, viven junto a las mías, frente a tí. Se presentan para ser recibidas, valoradas, amadas. Son un tejido del tiempo, de otras vidas, que a pesar del silencio acechándolas seguirán adelante buscando otros rostros que les permita contemplar una tierna sonrisa.
WAAXAKLAJUN (DIECIOCHO)
contemplándola…
recuerdos estrellándose contra mis pupilas:
voces, corazones, pasado, presente, sueños, dolores, bondad
giran en mi tiempo se dispersan en esta hoja en blanco donde el espacio está contenido en un segundo.
Cuando la sombra es seducida por la luz el calor, el misterio escondido en tí se transforma en la ternura que nos merecemos.

