PENSAR LA CRISIS, PENSAR LAS ALTERNATIVAS. 

Estamos asistiendo a una crisis profunda en el mundo educativo y al mismo tiempo a un dominio progresivo de lo virtual en el mundo de los niños y adolescentes. La crisis tiene que ver sobre todo con la pérdida de referentes y la caída de los ideales. Parece que los adultos ya no tenemos nada que transmitir, la diferencia entre generaciones y el reconocimiento de la autoridad está en proceso de disolución. La educación se convierte en una preparación de competencias para el mercado. Lo más básico de la educación ( aprender a ver, a pensar, a leer, a escribir y a hablar) pierde profundidad para ser sustituido por habilidades técnicas superficiales y puramente instrumentales. Este es el contexto que posibilita la proliferación de las pantallas transmisoras de lo virtual. Es un mundo en el que los ideales y los deseos más elaborados se han sustituido por la satisfacción efímera e inmediata de los objetos de consumo. El problema es entonces radical. No se trata de un problema puntual o técnico. Se trata de plantearse si es posible una formación ética y política en el mundo en que vivimos. El mundo virtual que consumen niños y adolescentes es un síntoma de algo que no funciona y que se convierte en un elemento más que consolida la crisis total que vivimos. No se trata de discutir el papel de la tecnología en la educación. Antes que discutir esto es imprescindible una reflexión sobre el tipo de sociedad que tenemos y la que queremos. Y aclarar entonces que educación necesitamos y cuál es el papel que juegan aquí las nuevas tecnologías.  Los niños y adolescentes están inmersos en un mundo virtual que les estimula de manera permanente en un mundo totalmente acelerado y saturado.  Necesitamos que paren y que permita que aparezca un vacío para que puedan escuchar, pensar y dejar que aparezca lo que realmente desean. Necesitamos que tengan un ideal.


  Todo lo anterior nos lleva a preguntarnos si como adultos asumimos nuestro papel de ser referentes para ellos y transmitirles un ideal de sujetos éticamente emancipados, de ciudadanos comprometidos con la Polis y de individuos responsables de si mismos y de nuestras acciones. O los que deberíamos ser adultos somos adolescentes envejecidos que estamos atrapados en el mundo del consumo de objetos bajo el único mandato del goce y el reinado del dinero. Porque finalmente lo que reciben las nuevas generaciones es el mundo que les dejamos.  Claro que las responsabilidades no son las mismas y aumentan en quienes tienen más poder. Pero me parece un imperativo ético y político no solo resistir sino plantear alternativas. Una de las cuales es, por supuesto, el modelo educativo. No tengo la solución pero estoy seguro que ni tiene que ver ni con los modelos pedagógicos líquidos y de competencias que se van poniendo de moda ni con nostalgias de la vieja escuela jerárquica y autoritaria. Hay que inventar algo nuevo pero ligado a transformaciones éticas, políticas y económicas profundas, en la línea de una emancipación individual y colectiva. Y desde aquí pensaremos como utilizar las nuevas tecnologías en este proyecto. No antes.

Semblanza: 

Luis Roca Jusmet

Barcelona (1954) escritor y filósofo. Autor de los libros «Redes y obstáculos»(2010), «Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault»(2017) y «Manifiesto por una vida verdadera»(2023). Colabora con la revista virtual «Barbarie. Pensar con otros» 

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