Fraseo en la fenomenología de la danza

Esperaré

Tomaré el dolor y lo mancillaré, hasta que la sangre se pudra por el sol y de mi corazón broten raices esperanzadas de florecer.
En la agonía de mis noches, tomaré el sollozo para hacer caldo de estrellas, y de él beberé a la luna expectante, en la mirilla, al reojo de unas horas.
Bajo el impenetrable asfalto de mi ciudad imaginaria, sitiaré las calles con tropeles de humo; en buena ventura se izarán las banderas de conquista y derrota.
No te llamaré, pero te llevaré conmigo, con un cordón atado al cuello, siendo mi amuleto sin hazañas, la cofradía de mi devoción mariana.
Te dirigiré plegarias, hasta que los intercesores, potestades y jerarquías depositarias se arranquen los oídos de tanto zumbar.
Lloraré al escorce de una guitarra, mientras mis dedos traten de alcanzarte en notas diletantes y preste mi voz a la sirena que declama.
Vestida de polvo de estrellas, espuma de mar y bocanadas de humo, domaré los lugares comunes para transferirte lo intransferible.
Con la paciencia hecha una virtud, aguardaré a que se alce la sombra del rincón y me cubra, hasta arrebatarme de la pequeña muerte en nuestro lecho oculto a la noche.

Fraseo en la fenomenología de la danza

 La danza se apoya completamente en la paradoja por la cual el cuerpo opera en ella el relato de su sustracción a la realidad. La danza revela contenidos de las limitaciones del cuerpo, pero ha sido encerrada en una disciplina rigurosa cuyo desenlace contiene indisolubles paradojas. La danza posee una inquietante síntesis de intemporalidad y de mortalidad: la sustracción de la disciplina y el rigor que se agotan en el instante mismo de su creación y producción
El presente efímero de la danza contiene una imagen dinámica de la eternidad en arbitraria paradoja con la inmanencia del cuerpo, tan perversamente corruptible, en los que la formación adhiere a su intransmisible permanencia. La danza contiene horizontes inasibles. Deviene del resultado de un desplazamiento, de un alejamiento cuyas adherencias están en la congénita originalidad, la danza comprende al mundo, al cuerpo y a la acción en un lenguaje propio.
La Danza aparece como un gesto constante, primero y único es reinicio infinito de una forma del actuar, y la causa de su abstracción genérica, de su tendencial no-representatividad ha sido difusa de comprender

Clarisa Camargo

Oaxaca, México (1991) Filósofa, Activista, Científica Social, Escritora, Educadora, Gestora Cultural, Performancera: periodista, feminista católica, medievalista, decolonial. Lic en filosofía del arte (BUAP), Especialista en Historia del arte (UNAM), Maestra en educación con enfoque de la innovación (UVEG), Maestra en sociología(IISUABJO), Jurista y docente en la Facultad de Derecho y ciencias sociales (UABJO)

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