Viaje intra-sideral de Purita.

POR: ROBERTO ROJAS GUZMÁN

Antes del amanecer me despierta el aroma a plastico y el dolor de las heridas en mis brazos, gritando de terror, manoteando a la nada; me quedo vacía viendo al punto más próximo al estercolero que habito, en el hoyo siempre hay un eco que no termina, noches y noches de llanto apagados. Fijo la vista en mis manos temblorosas y nuevamente hay pedazos perdidos, arrancados por ratas, seguiremos perdidos aún en la claridad de la mañana,  dejamos de soñar con estrellas tintineando y lunas colgantes.

Solo el deseo infinito de inhalarme algunas alas me mueve como polvo en el viento, en ello hay algo de paz que me hace suspirar, esa sensación de calor y emoción exitante me deja pegada a los muros en grafitis deformados, a los postes sin luz;  a las sombras que me miran y con ellas me permito revolcarme, recordar el estruendo de la vida cotidiana en su caos, enmarcada de deseos secretos me hace tartamudear, me ordena ir a la luz una esperanza filantrópica que no me salvara. 

Poco a poco la penumbra se quiebra en el hoyo, un pequeño haz de luz juega entre los cuerpos hacinados, estamos casi todos los chupa trapos desperdigados en el piso, desde las esquinas se va construyendo un murmullo, quedamente se cantan los sueños de infantes olvidados, somos lo mismo en el estómago de la ciudad un sabor amargo que se aglutina como una celebración al desperdicio, a la misma basura múltiple con la que construimos algo propio, donde somos familia.

Ni el exceso me da esperanzas, soy hija de la perdición y viviré en los juegos perversos de eso que llamas dios-sistema. Se me rompen las tripas de hambre, con muecas busco en mi bolsita lo recolectado fuera del mercado, voy mordisqueando la basurita de otros, de lo que podría ser tu porción en la fiesta; tengo entumido los dedos y entre ellos se me resbala todo, cuando masco mendrugos recuerdo mi torta de la escuela, los gritos en el recreo, el sudor en mi frente, la sonrisa de la maestra, los buenos recuerdos no me alcanzan a salvarme aun no me acostumbro al vómito, a la asechanza de la muerte.

Seré su presa a largo plazo una estadística futura, el chemo se sienta en su escritorio fálico y escribe dos , cinco , veintitrés , tres igual a tres la sumatoria necrofílica de sus victimas y desde ahí me vigila. Mi carcajada me devuelve del portentoso muro en donde concentre mi borrosa y babeante mirada, recuerdo que todos tenemos nuestros olores preferidas, unos tienen sus dispositivos de multiesencias, otros tenemos la mierda y el ácido urinario excelsos y exquisitas reminiscencias de lo que somos en realidad, secreciones y fluidos de atracción débil.

¿Quién se anima a flotar en ellos?  Nos regresan a lo infantil a la primera guerra de pertenencia, lo se;  juego al olvido de mi propia psicosis, juego con mi esperanza raquitica para redimir mis excesos, una filosofía de banqueta que en su simpleza se configura el ángel artificial que añoro, el y yo asesinamos a la humanidad famélica y su frívolo altruismo, es nuestro bote de basura.  

Por algunas horas emerjo a la confusión de las calles, requiero unas monedas para el activo de mis hermanitos, arrastrando los pies recorro la calle Juárez hundiéndome entre las miradas de asco o piedad pero me valen madre, mi mano estirada va llenandose de morlacos, lo que me arrastra es conseguir aguita de coco, es hora del regresar, de mecer a la banda con su guayabita, es hora de la piedad, del retorno al sueño, de adormilar su desesperación.

Yo solo quería una infancia de fantasía y me gane el aliento alucinante del activo, estos jalones van durmiendo mi hambre, sin perdón vuelvo conmigo al pasado para irme lejos como el limbo para volver a la oscura frialdad del hoyo, a las mismas desapariciones a revolotear en las esquinas,  a saltar la cerca para irme a la mierda,  al fondo de mi vacío, donde el amor sucio encontrará la forma de redimirme qué más da tu esperanza o la mia en la soledad, prefiero mi pragmática realidad que crece hasta ocupar el espacio disponible todo voy olvidando.

Construir una soledad personal frente a la constancia devastadora de una verdad que se derrama de mi boca esa cosa que me dice lo que soy y por lo que me acusan sin piedad, soy Purita una virgen mugrosita un equilibrio del caos, la caída del telón para seguir ocultándonos, para seguir alimentándose de nosotros somos el éxodo de los olvidados, la protección a lo anormal. Y sacrificare mi vida por la continuidad, deberé ser siempre victima ¿por que ese veneno del odio?; porque somos un error de la civilidad, el más potente depredador de la bondad, al fin y al cabo somos el demonio del otro lado del caño, eso que no quiere ver la hipocrecía de las buenas conciencias.

Poco a poco me pone chida la mona, mi hueco está desnudo y yo con el, ando volando gachamente estoy fragmentada aquí, todo parece tomar forma de pesadilla, la noche va cayendo en nuestros cuerpos famélicos y de las paredes se asoman colmillos y garras, el miedo ronda entre los ojos de mis hermanitos, el silencio nos va tragando, nos desaparece, nos sume en la indiferencia del mundo.

ROBERTO ROJAS GUZMÁN

CUENTO CORTO DE LA SERIE

“LA VIGILIA DE LO OBSCURO”

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