Un verano contado con alma de haiku

Por David Romero

Dirección: Kyōhei Ishiguro

Guion: Dai Satô

Música: Kensuke Ushio

Duración: 87 minutos

En el vasto mar del cine de animación japonés, Palabras que burbujean como un refresco (Cider no You ni Kotoba ga Wakiagaru, 2021) se destaca como una obra que convierte la poesía en imágenes. Bajo la dirección de Kyohei Ishiguro, la película explora el espíritu del haiku, esa tradición literaria que capta con precisión y belleza momentos efímeros de emoción y conexión con la naturaleza o la vida cotidiana.

El argumento nos presenta a Cherry, un joven introvertido y amante de los haikus, y a Smile, una extrovertida influencer que oculta su sonrisa por inseguridades personales. Ambos personajes se encuentran en un caluroso verano que combina lo ordinario con lo extraordinario. Lo que comienza como una relación tímida se convierte en una conexión profunda que trasciende las palabras y se comunica a través del lenguaje visual y poético que domina la película.

El verdadero corazón de la historia radica en cómo traduce el espíritu del haiku en narrativa audiovisual. Cada escena es un intento de atrapar un instante fugaz, un aware —esa emoción delicada que se despierta al contemplar la belleza efímera de la realidad—. Las tomas de campos vibrantes, cielos despejados y paisajes urbanos bañados por la luz del atardecer no son meros fondos, sino elementos que dialogan con los personajes, evocando sentimientos de nostalgia, alegría o melancolía.

La película también explora cómo las palabras, a pesar de su simplicidad, pueden contener universos enteros. Los haikus de Cherry, aunque breves, encapsulan emociones complejas y sirven como un puente entre su mundo interior y el exterior. Smile, por su parte, aprende a encontrar belleza en su vulnerabilidad, reflejando cómo la expresión emocional puede ser tanto una lucha como un alivio.

Visualmente, Palabras que burbujean como un refresco es una explosión de colores brillantes y animación fluida que captura la vibración de la juventud y la energía del verano. La banda sonora, una mezcla de ritmos suaves y melodías contemporáneas, complementa el tono ligero y reflexivo de la película. Sin embargo, su verdadero logro radica en cómo utiliza estos elementos para realzar el subtexto poético: la conexión entre los personajes y su entorno, la transitoriedad de los momentos felices y el poder del lenguaje para inmortalizar lo efímero.

En última instancia, este filme no es solo una historia de amor adolescente. Es una celebración de la poesía del momento presente, un recordatorio de que la vida, en toda su fragilidad y fugacidad, puede ser capturada y honrada, ya sea en 17 sílabas o en 90 minutos de animación. Para quienes buscan una experiencia que combine lo visual con lo emocional, esta película es un haiku en movimiento, listo para ser disfrutado y recordado.

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